El anciano afligido
Vidas en cápsula. Somos latas de comida preparada: Asépticas galletas integrales en envases de brillantes colores. Cuando estamos hundidos hasta la rodilla en nuestro propia ciénaga dejamos de oler la mierda del pantano en que vivimos.
Ayer me contaba mi progenitora, entre la indignación y pena, que necesitaba sacar lo que la había tenido todo el día pensativa y los puños apretados. Me decía que cada día se plantea hasta donde puede llegar la inmundicia humana.
Resulta que al volver de los recados comunes de nuestra vida de lata, en la antesala del portal, se encontró un anciano de espaldas contra la pared, tembloroso, con dos surcos de lágrimas, uno por cada ojo, y el terror marcado en la mirada.
Era un hombre mayor, soportando la decadencia de los años amontonados, un hombre convertido en un indefenso anciano. Uno más de que nos cruzamos paseando cada mañana con sus trajes con la raya del pantalón perfectamente planchada, un recuerdo de una vida dedicada al trabajo, y el diario envolviendo una barra de pan abajo el brazo.
Ante el asombro de semejante encuentro, mi progenitora, mujer de demasiado bien para los tiempos que corren, enseguida le preguntó al hombre como había llegado a encontrarse en singulares circunstancias. El anciano, apenas lograba artícular palabra entendible; entre sollozo e hipos le llevaron hasta un asiento que hay en el portal destinado a las enormes posaderas de la portera y sólo tras un rato para recuperar la respiración y el aliento necesario hacer entendible la historia de miseria humana que les voy a relatar a continuación.
Su relato comienza, cuando sale de su casa hacia el cajero automático, apenas a 200 metros de distancia, mientras su mujer termina de preparar la cena. Ocurrió que tras sacar dinero del cajero aútomático para pasar el mes, un hombre le asaltó en el camino, con la excusa de que tenía la chaqueta mojada por la espalda.
En el momento preciso, otro hombre llegó, juntos y muy de acuerdo estos dos extraños le comentaron que habían dejado caer un líquido desde uno de los pisos del edificio, señalando un segundo con mucho aplomo, mientras, el anciano aturdido por la velocidad de los acontecimientos y la imposibilidad de los sucesos ocurridos, apenas si acertaba a dilucidar que estaba ocurriendo.
Uno de los hombres, en un alarde de falsa amabilidad se ofreció a limpiar la chaqueta al anciano, primero quitando el líquido con la mano y después sugiriendo al hombre que se la quitara para poder sacudirla. A la par que uno hablaba y entretenía, el otro le quitó la chaqueta al anciano. Un segundo después ya no había ni chaqueta ni extraños amables, sólo quedaba un anciano asustado y dos hijos de puta a la carrera.
Lo siguiente que pudo relatar, es que se había metido en el primer portal que vió abierto, en estado de pánico aún sin saber exactamente que había pasado. Con su pensamiento dedicado a buscar el dinero, cochino dinero, que tenía que llevar a su esposa, buscó por todos los bolsillos y entonces y sólo entonces empezó a entender. Aturdido y abrumado, dejó paso al mierdo, miedo a la bronca de su mujer, miedo del que no se sabe defender, miedo que entra cuando sabes que eres demasiado viejo para vivir rodeado de tanto hijo de puta.
Tras tranquilizar al anciano y con la promesa de explicarle a su mujer lo que había acontecido aquella aciaga tarde, el anciando accedió a volver a su casa, aún repitiendo como una máxima: mi mujer me va a matar.
Como probablemente se les haya quedado la misma cara que a mi, y los funestos pensamiento también deben ser análogos, me los voy a ahorrar, no sin antes mentar a la madre que los parió y desearles con todo mi ser que se atraganten con el cochino dinero que han robado, que si bien no expresa todo mi sentimiento, es lo menos que puedo decir sin herir alguna sensibilidad.
Menuda panda de hijosdeputa!! Ahi les pegue una sobredosis, un coma etilico o simplemente les atropelle un autobus!!
A mi abuelo le paso lo mismo, solo que a el no le robaron la chaqueta, simplemente una mujer le intentaba poner una flor en el ojal de la chaqueta…cuando se dio cuenta le habia quitado todo el dinero de la pension de ese mes que habia sacado (manias de los abuelos de tener el dinero en casa)…
A mi abuelo se le medio paso el disgusto cuando una patrulla de la policia de barrio le dio una vuelta en el coche patrulla a ver si podian ver a la hija de puta que le habia robado…nuca la encontraron, claro, pero al hombre le gusto lo de ir en en coche patrulla, jejjeje…
Saludos!