Complejo de Cronos
Un paso precede un lamento; un suspiro a una bofetada. Con cada caricia, un estremecer. Días turbios seguidos de noches de insomnio. Todo tiene punta, todo se clava. Algunos días me levanto con cuerpo de Cronos, con martillos en vez de dedos y una irremediables ganas de repartir justicia entre mis semejantes.
Acordes de malos pensamientos suenan detrás de mi coronilla, que me dice que agarre el mito por la literal y guadaña en mano, le corte los cojones al déspota Urano y me coma los bastardos que se confabulan para destronarme.
Me levanto con pesar, ducha fría para recordar el calor que dejo atrás, lanza y escudo en posición y me desplazo hasta la batalla. Tengo la llave que me permite esconderme de los ojos enrojecidos que apenas acompañan mi paso con una mirada o una intención de saludo. Tomo posesión de mi. Y llega la ira, a borbotes de derecho y rabia. Se torna el aire rancio y violento, golpeando sentires y orgullos con excesivo rigor, desmedida pasión en dirección equivocada, sal en la tierra dejándo atrás el rastro de los cascos de Atila.
Tanto palo en un mi curtido lomo, hace que cada vez que cae la vara se me tuerza el gesto un poco más. Un dia de estos dejaré de fumar, otro saldré a quemar adrenalina recorriedo kilómetros circulares, otro agrarraré un Kalasnicov y entonces reiré, con la cordura que sólo conoce el loco, abandonado por toda moral enlatada, más cerca del infierno de unos, de la nada de otros.
Cada día un poco más me voy transformando en un Cronos.
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